jueves, junio 16, 2011

¿Por qué lo hacen y qué puedes hacer con los niños respondones?.

¿Por qué son respondones?

Primeramente por que están desarrollando y su sistema de aprendizaje está basado en la “acción y reacción”, es decir, cuando le pides a tu niño que recoja los juguetes que dejó sobre la mesa del comedor y te contesta con un grito "¡No quiero!", el te lanza la pelota y espera tu reacción y es allí, en tu respuesta o actitud adonde su conducta puede ser pasajera y corregirse o convertirse en un verdadero problema.

Como madre se que es difícil no reprocharlo por sus palabras, sin embargo, es mejor que investigues por qué está tan molesto y le enseñes a expresar sus sentimientos de una forma más aceptable y dentro del marco del respeto y la consideración.

Ahora bien, ¿Qué hacer cuando tu niño es respondón?

Mantén la compostura. No reacciones de forma exagerada y nunca le pagues con la misma moneda, tampoco armes una gran pelea debido a las palabras que expresó o el tono de voz que usó, esto puede intensificar su frustración. La mejor manera de enseñarle a tu niño que debe de hablarte con respeto, es hablarle a él con respeto

Puedes decir frases como: "Creo que puedes encontrar una manera mucho mejor de decir eso" en vez de decirle: "¡No me hables de esa manera, qué maleducado eres!".

Maneja el silencio. Si tu niñito se pone insolente, trata de no discutir o negociar con él. Eso sólo reforzaría su comportamiento. Si, por ejemplo, están jugando a un divertido juego y tu niño salta al perder y te agrede con frases como "¡No perdí, tonta!", dile que ya no jugarás hasta que te hable de manera educada. Si sigue hablándote mal, cumple tu promesa y termina inmediatamente el juego (sin darle otra oportunidad). Sal de la habitación diciendo, "Hablaremos cuando estés listo para expresarte mejor".

Si tu hijo se pone impertinente en el supermercado, porque quiere le compres un dulce, no te intimides y le concedas sus caprichos con demasiada facilidad (ni tampoco seas excesivamente estricta) para salir de la situación. Trata de decirle con calma, que no tolerarás que sea grosero en ningún lado. Busca un lugar tranquilo y dile que si lo vuelve a hacer habrá una consecuencia (como por ejemplo, no podrá ir a la casa de su amiguito a jugar como lo habían programado).

Al mostrarle a tu hijo que te respetas a ti misma demasiado como para aceptar que te trate groseramente, le estás enseñando lo que significa tener respeto y te estás ganando el suyo.

Permítele elegir. Si le das a tu hijo el poder de tomar algunas decisiones a lo largo de su día, tendrá menos necesidad de imponerse de manera ofensiva. O sea que dale muchas oportunidades para que él solito pueda elegir. Pregúntale "¿Prefieres ponerte la chaqueta verde o la roja?" o "¿Te gustaría hoy ir a la biblioteca o al parque?".

Asegúrate de que todas las opciones que le ofreces sean aceptables para ti, y respeta su decisión. Por ejemplo, no le des a elegir entre helado y fruta como postre si sabes que en realidad quieres que escoja la fruta.

Marca los límite. Asegúrate que tu hijo entienda qué palabras están permitidas y cuáles no. Si está prohibido decir "¡guácala!" a la hora de la comida, o si no te hace ninguna gracia que conteste a tus explicaciones con un "¡ya lo sé!", explícaselo claramente. Dile "No se habla de esa manera. Por favor háblame educadamente".

Es esencial establecer los límites cuando el niño es pequeño, si no lo haces, lo estás invitando a la rebeldía.

Enséñale también a tu hijo que no tiene que decir todo lo que piensa. No hay por qué decirle a la abuelita, por más inocente que sea el comentario, que su pastel quedó crudo. Y la cajera del supermercado tampoco necesita escuchar que esta gorda o que su peinado es feo.

Demuéstrale que lo comprendes. Cuando tu niño manifieste verbalmente su enojo, dile que te importa lo que él siente, aunque no apruebes la manera en que está expresando sus sentimientos. Muchas veces el simple hecho de reconocer sus emociones (como al decirle "Hay hijito, parece que esto de verdad te ha molestado"), calmará la furia de tu pequeño, y no te verá como su adversaria.

Si logras ver más allá de su tono de voz, podrás enfocarte en lo que tu hijo realmente está tratando de decir ("¿Te has enojado porque tienes que dejar de colorear para recoger tus calcetines?"). Si ves que tu niño puede hablar tranquilamente sobre la situación, traten de llegar a un acuerdo que funcione para los dos. Por ejemplo, tal vez tu niño pueda terminar primero su dibujo y después colocar sus calcetines en la canasta de la ropa sucia.

La mayoría de las veces, sin embargo, tendrás que dejar las lecciones importantes para después. Es mucho mejor hablar sobre las cuestiones más profundas, relacionadas con la falta de respeto, una vez que se les hayan calmado los ánimos (al niño y a ti). Es decir, regresa al tema cuando puedas analizarlo de una forma más razonable. Le puedes decir: "Sé que te enojas cuando te pido que recojas tus cosas, pero no tienes que llamarme 'tonta'. ¿De qué otra manera podrías decirme cómo te sientes?".


Mi lista de blogs

Seguidores