domingo, mayo 10, 2009

El dinero que damos a los hijos.


Quiere ropa que sea de marca, está empeñado en que le compres una moto, no para de pedir. Son síntomas claros de un problema y la solución no es exclamar que los jóvenes de hoy lo quieren todo. Es una manifestación clara que la educación de vuestros hijos tiene una laguna importante que exige que os pongáis a la tarea cuanto antes.

En relación con la educación de los hijos y el dinero hay un debate entre los padres que prefieren dar una "paga" periódica a sus hijos, para que aprendan a administrarse, y los que defienden que dársela tiene más inconvenientes que ventajas. Estos últimos prefieren crear un clima de confianza que permita que sus hijos les pidan dinero cuando crean necesitarlo.

Por mi parte, aun admitiendo las dificultades que puede entrañar, defiendo que debemos darles una paga adecuada a su madurez, teniendo en cuenta tanto la cantidad de dinero como su periodicidad. Con nuestra supervisión y orientación, la administración de la paga se convertirá en un instrumento adecuado para su educación económica. Pero además me atrevo a subrayar que dicha educación es un objetivo educativo importante. Pensemos que si la educación que ofrecemos a nuestros hijos persigue, entre otras, la finalidad de alcanzar su integración social, difícilmente la conseguiran si no disponen de suficiente formación económica en una sociedad con un notable componente económico.

Pero, ¿basta con darles una paga para asegurar su educación? Evidentemente no.

La cuestión es más compleja y será necesario prestar atención a algunos detalles que tendrán que ver con lo que queremos enseñarles del dinero, de cuánto dinero dispondrán, con qué periodicidad lo recibirán, qué gastos correrán de su cuenta, etc.


La edad escolar y el dinero.

Entre los siete y los doce años, cuando ya tiene una visión menos egocéntrica del mundo y es capaz de entender algunos razonamientos y de relacionar algunas consecuencias con sus causas, es el momento de que descubra la relación del dinero con el trabajo y con el cuidado de las cosas. Además de afianzar los aprendizajes propuestos para los primeros años, intentaremos que aprenda un par de cosas más y, sobre todo, que actúe en consecuencia. En concreto, que aprenda que: Si cuidamos las cosas que usamos, evitamos gastos innecesarios y podremos dedicar el dinero a otras necesidades.


El dinero se obtiene a cambio de trabajo.

Es importante mantener algunas de las costumbres que podrían haber adquirido en los años anteriores. En concreto vale la pena que disponga de una "hucha" donde puede meter y sacar su dinero, que no paguemos las compras que realice sino que le demos una cantidad de dinero razonable y que, con nuestro asesoramiento, sea él quien decida cuál de los posibles productos comprará, o también animarle y mantener la costumbre de hacer regalos y de dar una parte de su dinero a causas solidarias. Pero hay que desarrollar otras costumbres nuevas y profundizar en su sentido.

Las siguientes consideraciones y las acciones correspondientes pueden ser un buena guía:

Hacia los siete u ocho años conviene explicarle que a partir de este momento, como ya es bastante mayor, ha de colaborar en algunos trabajos de casa igual que hacemos sus padres y hermanos mayores. Añadiremos que gracias al esfuerzo de todos podemos prescindir total o parcialmente de la ayuda de una persona ajena para hacer esos trabajos y, con ello dispondremos de una cierta cantidad de dinero para que cada uno gaste en lo que prefiera. Por lo tanto, le explicaremos finalmente, a partir de ahora tú te encargarás de estas tareas y tendrás como paga esta cantidad de dinero. A partir de ese momento la paga se convierte en un derecho incondicional. Se da el día fijado al efecto y no se aplaza o regatea. Como consecuencia los encargos de tareas domésticas también son incondicionales. La paga que les demos debería tener una periodicidad semanal. Cuando son pequeños quizá les resultaría difícil hacer previsiones a largo plazo. En todo caso hacia los 12 años se puede hacer quincenal.


La cuantía de la paga ha de ser pequeña.


Es bueno acostumbrar a los hijos a la sobriedad. No es recomendable sobrepasar las setecientas pesetas semanales ni siquiera al final de esta etapa. Dicha cuantía debe aumentarse un poco si incluye algunos gastos necesarios como el material escolar, los transportes necesarios, etc. En ningún caso se debe dar a los hijos más dinero del acordado. Si quiere comprarse alguna chuchería y no tiene dinero, puede esperar y ahorrar.

Puede haber primas económicas por hechos sobresalientes relacionados con hábitos que queremos desarrollar (haber hecho su trabajo sin que le avisen, haber mejorado las notas...). En todo caso han de ser pequeñas cantidades y otorgadas por hechos indiscutibles. Es bueno crear la norma de que quien rompe paga, si es por negligencia. Por lo tanto cuidar la cartera o los libros, jugar a pelota en el salón, etc. son decisiones que pueden tener repercusiones económicas.

Naturalmente nuestro ejemplo en la sobriedad y en el cuidado de las cosas será la condición necesaria.


El dinero y los adolescentes

A partir de los doce o trece años con la progresiva aparición del pensamiento formal y de la capacidad temporal, podemos enseñarles a administrar, a ser previsores y a valorar sus derechos, obligaciones y privilegios.

Debería aprender que:

- Todos tenemos derecho a disponer de dinero a cambio de trabajo, pero no a tener dinero a cambio de nada, eso es un privilegio.

- Hay que administrar el dinero de forma que permita hacer frente a los gastos de un determinado período de tiempo.

Es un momento clave en el que es muy importante no perder ningún logro anterior y afianzarlos con nuevos planteamientos y objetivos. Anotaré algunas sugerencias:

- Seguirá disponiendo de su paga quincenal al principio y luego mensual.

- Deberá ser incondicional y puntual porque hay muchos adolescentes que, a esta edad, les humilla o incomoda tener que pedir dinero.

- La lucha quizá debería sustituirse por una libreta de ahorros.

- La cuantía de la paga mensual debería decidirse, si es posible, por consenso aunque sin superar ciertas limitaciones: que sea escasa para seguir viviendo la sobriedad, que incluya algún dinero suplementario para hacer frente a algunos gastos necesarios (desgaste de material escolar, transporte, etc.), que sea proporcionada al poder adquisitivo de la familia (no es bueno inducir al hijo a llevar un nivel de gasto superior a las posibilidades), que se incremente ligeramente a medida que se hace mayor.

Puede haber ingresos extras por trabajos extras que costarían dinero a la familia (ayudar a pintar las puertas o la pared de una habitación, ayudar en la tienda de su padre algún día de mucho trabajo, etc.). En vacaciones u horas libres, pueden hacer algunos trabajos remunerados a partir de los 16 años.Además de primas, como estímulo o recompensa, puede haber multas por dejar de hacer sus tareas o por el mal uso del dinero. En ningún caso se debe dar a los hijos más dinero del acordado. Si quiere comprar algo y no tiene dinero, puede esperar y ahorrar.

Además de ofrecerle ejemplo, pedirle su opinión a la hora de realizar algunos gastos familiares significativos y valorar con él las relaciones calidad-precio-posibilidades.Para acabar quiero recordar la importancia de ayudar a los hijos de cualquier edad a vivir la solidaridad y generosidad con su dinero y a enunciar, para cuando alcancen sus propios ingresos, la recomendación de que entonces pasen a sufragar en todo o en parte los gastos que ocasionan en la economía familiar.



Articulo escrito por: José María Lahoz García
Profesor de Educación Primaria y de Psicología

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