miércoles, abril 29, 2009

Cómo ayudar a su hijo durante los primeros años de la adolescencia.

La mayoría de los jovencitos entre las edades de 10 a 14 años de edad no tienen tantos problemas como se sospecha y se estereotipa. Generalmente superan las peripecias de la adolescencia con éxito. Pero debe mantenerse al tanto. Según un estudio, el 28 por ciento de los alumnos de octavo grado en Estados Unidos han experimentado con drogas, a pesar de que un porcentaje mucho más pequeño desarrolla problemas serios con las drogas. Algunos jovencitos desarrollan desórdenes alimenticios. Otros sufren depresión y otros problemas emocionales. En algunos casos los problemas emocionales provienen de problemas de aprendizaje que no se han diagnosticado o tratado.

Algunos factores que pueden poner a su jovencito en mayor riesgo de desarrollar problemas serios incluyen:

- Crecer pobres.

- Vivir en un hogar con un solo padre.

- Ser varones.

- Crecer en un vecindario con poco apoyo social.

- Falta de supervisión adulta.

- Malas relaciones con los padres y otros adultos importantes en sus vidas.

- Autoestima deficiente.

- Asistir a escuelas de baja calidad académica.

- Haber sufrido abuso físico, abuso sexual o abandono.

No crea que estar en "alto riesgo" necesariamente significa problemas serios para un muchacho. Algunos adolescentes con muchos factores de riesgo evitan problemas mayores. Y algunos con sólo algunos factores de riesgo en sus vidas dan un tropiezo.

Lo que sí sabemos es que ciertas cosas aumentan las posibilidades de que los niños eviten caer en problemas serios. El tener padres amantes que les den buen apoyo y que les dan reglas claras a seguir y los supervisan suficientemente, son elementos claves. Además los jovencitos con un temperamento agradable, buenas destrezas sociales y un buen sentido del humor generalmente logran superar los problemas. Un niño que asiste a la escuela y vive en un vecindario con bastante apoyo social también tendrá mayor capacidad para recuperarse cuando se enfrenta a los problemas. Estos apoyos sociales pueden ser el interés de alguien que se preocupa por ellos—por ejemplo, maestros, entrenadores o vecinos.

Es importante reconocer las señales de advertencia de algunos problemas graves y es posible que usted tenga que enfrentar más de un problema a la vez, puesto que los problemas serios tienden a agruparse.

Una advertencia: Es posible que usted tenga que enfrentar más de un problema a la vez, puesto que los problemas serios tienden a agruparse: una jovencita de 12 años con un desorden alimenticio puede también estar deprimida y un jovencito de 14 años que fuma marihuana puede haber comenzado a tener relaciones sexuales.

Uso de alcohol o drogas.

Puesto que la adolescencia es una etapa de emociones confusas y tensión no nos debe sorprender que éste es el momento cuando muchos adolescentes prueban por primera vez las bebidas alcohólicas, el tabaco y otras drogas.

Y los cambios emocionales repentinos y el comportamiento errático típicos de la edad pueden ofuscar las señales del abuso del alcohol o las drogas. Si su hijo demuestra los siguientes síntomas, es probable que las drogas o el alcohol sean la causa del problema.

NOTA: Para obtener mayor información sobre cómo identificar y qué hacer con el abuso de drogas o alcohol, vea la publicación del Departamento de Educación de los Estados Unidos, Cómo crecer libre de drogas: Una guía de prevención para los padres.

- Su hijo se ve aislado, deprimido, cansado y descuidado en su aseo personal.

- Si exhibe demasiada hostilidad y falta de cooperación y nunca cumple con su hora de llegada. - Tiene nuevos amigos (y no quiere hablar de ellos).

- No le quiere decir a donde va y qué va a hacer. - Sus calificaciones bajan.

- Pierde interés en sus aficiones, deportes y otras actividades una vez favorecidas.

- Sus rutinas para comer y dormir cambian; se mantiene despierto muy tarde y luego duerme durante el día.

- Su relación con otros miembros de la familia ha empeorado y se rehúsa a discutir la escuela, las actividades, amigos y otros temas importantes.

- Tiene problemas concentrándose y se le olvidan las cosas.

- Trae los ojos rojos o le corre la nariz cuando no tiene un resfriado.

- El dinero de la casa desaparece.

- Desórdenes alimenticios.

Cómo ayudar a los niños con dificultades de la escuela.



A los niños les encanta aprender. Para ellos, aprender es tan natural como el respirar—absorben todo que sucede a su alrededor. Aprenden a través del juego, a través del comportamiento de otros y a través de experimentar ellos mismos.

Definitivamente, asistir a la escuela, donde encontrarán muchas experiencias nuevas, muchos niños y la oportunidad de dominar habilidades importantes como leer y matemáticas, debería ser algo divertido y emocionante para todo niño.Para poder aprender, un niño necesita sentirse seguro y apreciado.

Su mente no funciona bien a menos que se cumplan las condiciones fundamentales de ser bienvenido y apreciado. En la escuela, necesita saber que su profesor le estima y lo considera especial. Necesita saber que en la escuela no se van a reír de él y que nadie le va a amedrentar ni humillar. Necesita que se le anime, que se espere mucho de él y que haya mucha diversión. El juego, que es el lenguaje y ocupación de los niños, sigue siendo muy importante durante la edad escolar. Entre más se les permita que jueguen junto a sus actividades de aprendizaje, más pronto desarrollará habilidades y captará nueva información. En casa, todo niño necesita de afecto, bondad y cierta cantidad de atención individual de parte de sus padres, aunque sólo sean 5 minutos antes de ir a dormir o durante un viaje en coche.

Existen varias ideas básicas sobre cómo ayudar a los niños con el aprendizaje que no son bien entendidas en nuestra cultura. De hecho, no son bien entendidas en la mayoría de las culturas. Para que en las escuelas se fomente el aprendizaje y que los padres lo apoyen, necesitamos asegurarnos que las necesidades de los niños se cubran tanto en casa como en la escuela. Enseguida enumero algunos conceptos clave que no son bien entendidos todavía:

Los niños necesitan sentirse amados, o por lo menos comprendidos y respetados, para que sus mentes tengan la claridad necesaria para aprender.

Los niños necesitan grandes cantidades de afecto y cercanía física. La cercanía abastece a su auto confianza y libera sus mentes de las dudas en cuanto a su capacidad. Los niños que se sienten inseguros de su capacidad no se pueden concentrar para aprender.

Los niños aprenden mejor a través del juego y actividades prácticas. No hay mejor maestro que la práctica. Necesitamos aulas en donde los niños realicen actividades juntos, practiquen y se enseñen unos a otros lo que van aprendiendo. En particular, el juego libre sin fines de competencia ni reglas es un gran promotor del intelecto, la imaginación y la auto confianza en los niños. Saltar sobre las camas en casa, perseguirse corriendo, jugar luchas y almohadazos (en lo que los niños ganan, por supuesto), son la clase de juegos que fortalecen el espíritu en los niños y les proveen de suficiente diversión para que se mantengan optimistas aun cuando lo que viven en la escuela no les inspire. Cuando la vida se siente como una faena cansada y aburrida, el aprendizaje simplemente no se da. El juego libre es muy importante porque mantiene viva en el niño la chispa de esperanza e interés.

Los niños necesitan la libertad de cometer errores y hacer preguntas sin temor a ser avergonzados o humillados. Las “fallas” y los errores enseñan tan bien como los éxitos, siempre y cuando se respete al niño.

El profundo sentido de justicia de los niños exige que ellos y otros sean tratados con justicia y consideración. Justicia para ellos significa que se fijen límites, pero sin ira, que se establezcan reglas, pero sin humillaciones, que se enfrenten los problemas, pero sin atacar a las personas por tenerlos.

Cuando un niño no puede concentrarse o aprender, por lo general hay un asunto emocional que bloquea su progreso. ¡Uno se siente mal cuando no puede pensar! Uno siente temor por dentro cuando no puede hacer lo que se espera de uno y uno no sabe qué hacer al respecto. Esto es lo que le sucede al niño cuando no puede escribir el relato que se le pide, aprenderse de memoria las tablas, ni concentrarse para hacer su tarea. El niño se siente mal, a menudo temeroso y muy solo.

Cuando vemos a nuestro niño atorado de frustración con el aprendizaje, por lo general nos enfurecemos. Los problemas de nuestro niño nos hacen sentir exhaustos y vencidos. Asumimos algo parecido a: “¡Para esta edad, ya debería de poder hacer sus tareas solo! ¿Por qué necesita que YO le ayude?” Ansiamos que sus problemas desaparezcan para nosotros poder descansar.

Lo que ayuda inmensamente es algo que se nos ha enseñado a evitar a toda costa. Si usted puede sentarse a su lado mientras el niño llora a rienda suelta por su frustración con la escuela, o hace un berrinche por no querer hacer la tarea, su niño se liberará de los sentimientos que le mantienen paralizado. El desahogo emocional le ayuda a los niños a enfocar su atención y recuperar el optimismo por el aprendizaje. Su niño no sonará “razonable” mientras que llora enfurecido. Parecerá completamente convencido de los sentimientos terribles que ahora exprese. Pero asombrosamente, el llanto y la oportunidad de poder decirle a usted lo mal que se siente por dentro tienen un profundo efecto curativo. Por lo mismo, no trate de discutir ni razonar con él y limítese a hacerle sentir su cercanía para que pueda deshacerse de sus “fantasmas” por medio de lágrimas y expresiones pesimistas y furiosas. Esto no dura para siempre y entre más pueda llorar, más mejoría verá usted en su capacidad para concentrarse y creer en si mismo.

Las escuelas no están diseñadas para ayudar a los niños con las tensiones que les impiden aprender y llevarse bien con los demás. Ayudarles con esto es trabajo para nosotros los padres. No es un trabajo fácil y es algo que nunca se hizo por nosotros. No parece correcto dejar que un niño llore y llore sin remediar algo para que deje de hacerlo, sin mandarlo a su cuarto hasta que se calle, o forzarle a que recupere su compostura. Trate de escucharle. El escuchar sana. Vea si puede escuchar el llanto o berrinche de principio a fin sin tratar de “arreglar” sus sentimientos o resolver el problema y usted verá lo mucho que esto ayuda a limpiar la mente de su niño y a que sienta más cercanía y confianza con usted.

La gran necesidad que tienen los niños de atención individual cuando tratan de aprender, es natural. Es el ambiente escolar donde tantos niños compiten por la atención de un solo adulto lo que va contra natura. Las necesidades de los niños se sienten como una gran molestia para padres y maestros no porque lo niños estén equivocados, sino porque es nuestra sociedad la que lo está. Gobierno y ciudadanía aún no se deciden a proveer suficiente atención adulta en las escuelas y suficiente apoyo a madres y padres para cubrir la necesidad natural de atención y asistencia. El día que las escuelas verdaderamente apoyen a los niños, recordaremos el tamaño actual de las clases, la falta de apoyo a los maestros y la falta de servicios para niños que experimentan dificultades con el aprendizaje, y diremos que ¡en el año 2008 las condiciones eran primitivas!

Al ayudar a nuestros niños, apoyamos sus escuelas.

Casi todo niño llega a pasar por tiempos difíciles en la escuela. Y casi todo padre y madre llega a sentir coraje, frustración e impotencia cuando surgen dificultades. El inmenso amor que le tenemos a nuestros hijos y nuestra frustración con una sociedad que no ofrece mucho apoyo a sus jóvenes, hace difícil que pensemos bien cuando nuestros niños están teniendo dificultades. Sabemos de algunas medidas básicas que la gente ha encontrado útiles cuando las cosas no van bien.

No ayuda el culparse a si misma, a su hijo, ni a los maestros por las dificultades. Culpar sólo desperdicia tiempo y hace a las personas sentirse más mal. Debido a que el culpar disemina malos sentimientos, se convierte en un estorbo para pensar mejor e impide la cooperación que se necesita para encontrar soluciones. Usted no tiene la culpa y está haciendo un esfuerzo para realizar un trabajo muy difícil. Su niño no tiene la culpa y lleva encima cargas de las que no le ha podido contar, ni sabe cómo deshacerse de ellas. Su profesora no tiene la culpa. Independientemente de quién haya cometido un error, la causa fundamental es la falta de apoyo y asistencia que sufrimos todos.

Vivimos en una sociedad en la que no se valora a los niños ni a las personas que trabajan con ellos. Se habla mucho sobre la importancia de la educación y mucha gente de buen corazón y capacidad se dedican a este ramo, pero se otorga muy poco financiamiento y respeto a las escuelas. En la mayoría de éstas, hay una gran escasez de bondad y experiencia en la enseñaza. Usted, su niño y sus maestras viven bajo mucha presión porque las condiciones para aprender no son óptimas. Implementar acciones constructivas significará que se aprovechen las cualidades de las personas, se cultiven sus buenas intenciones y quizás, que se procure asistencia adicional.

Primero, escuche a su niño hablar sobre su dificultad. Si está herido y frustrado, no podrá resolver su problema. Trate de mostrar bondad y optimismo para ver si esto le ayuda al niño a llorar o hacer un berrinche. Muy a menudo, si en casa se les da la oportunidad de desahogar sentimientos dolorosos a través del llanto tendido, los niños pueden desahogar lo que les hace sentirse víctimas y encontrar soluciones a sus problemas de la escuela.

Deje que su niño sea quien esté a cargo de la solución. Después de que se haya deshecho de los grandes sentimientos, y después de que usted haya pasado un buen tiempo a su lado sin tratar de solucionarle el problema, pregúntele lo que quisiera hacer. Escuche con mucha atención. Tal vez haya un papel que usted pueda jugar si se trata de hablar con el maestro u otro estudiante. No asuma que por haberle mostrado a usted sus sentimientos, quiere que usted se haga cargo de la situación. Muchas veces, después de uno o varios llantos, el niño podrá decidir la mejor manera de enfrentar la situación.

Si lo que desea es hablar con el maestro u otros estudiantes, escuche bien antes de sugerir soluciones. Una maestra, un director de escuela u otro estudiante también necesita contar su versión de lo ocurrido antes de cambiar de opinión o querer cooperar en busca de una solución. Si las cosas no van bien, también ellos se sienten mal (aunque actúen como si no les importara). Un comportamiento racional sólo surge de mentes que han sido liberadas de sus malas emociones a través de ser escuchadas, y que las escuche alguien que considera a todos los interesados por igual. Lo que usted opina es importante y su búsqueda de soluciones también lo es. Pero poder escuchar a las otras partes es tan vital como aflojar el suelo bien antes de plantar nuevas semillas.

Podemos resolver mejor los problemas si tenemos también quien nos escuche. Cuando nuestros hijos batallan con algo, nos sentimos tan frustrados y molestos como ellos. Cuando se les trata injustamente, estamos dispuestos a pelear por ellos. Y cuando en casa parecen incapaces de hacerse cargo de si mismos, dirigimos contra ellos nuestra frustración y más inútiles les hacemos sentir. En pocas palabras: cuando nuestros hijos sufren, nosotros también. Para ser buenos aliados y poder resolver problemas, necesitamos contarle a alguien lo que sentimos y lo que hemos intentado. Poder contar a alguien lo agotados y enojados que nos sentimos, nos ayudará a restablecer comunicación con nuestros niños, sus amigos y sus profesores. Nuestra capacidad de resolver problemas se mejora 100% si nos decidimos a encontrar alguien que escuche nuestros temores y frustraciones, antes de tratar de intervenir para ayudar. Cómo el escuchar ayuda.

Esta es la experiencia de un padre: “A mi hija le dieron un mes para aprenderse los nombres de los estados y sus capitales. Le ofrecí ayudarle a aprendérselos en grupos de seis estados a la vez. Ya que se aprendió los primeros seis, sintió que no podía aprenderlos todos y empezó a llorar. Luego se dedicó a aprenderse un segundo grupo de seis, pero de nuevo, volvió a sentir que no podía más. Tuvo otro gran llanto. Al llorar decía: ¡Yo nunca voy a poderlos aprender! ¡Yo no sirvo para eso! También se enojó conmigo por tratar de ayudarle y por ‘entrometido.’ Yo estaba un poco confundido con todo eso y me preguntaba si en verdad me había inmiscuido demasiado en el proyecto. Después de unos días, volvió a sentirse rendida e incapaz de aprenderse todos los estados, y tuvo un gran tercer llanto. Cada vez que lloraba, lo hacia por media hora o más. Estaba convencida de que nunca terminaría el ejercicio y estaba muy enojada conmigo, con el mundo y con la tarea. Yo seguía escuchando y preguntándome en qué terminaría aquello.

Después del tercer gran llanto todo cambió. Se aprendió con facilidad el próximo grupo de estados y sus capitales. Un día decidió aprenderse 18 de ellos a la vez, ¡y lo logró! Tres días antes del examen me pidió que la probara para ver qué tan bien los había aprendido, ¡y se los sabía todos! Estaba que no cabía de emoción. Y creo que bien sorprendida de haber logrado algo que estaba segura no podría. Y claro, muy orgullosa de si misma.

El día anterior al examen se sentía completamente confiada de que sabría todas las respuestas y de hecho hasta gustosa estaba de realizarlo. Por lo general, se ponía muy nerviosa cuando tenía que hacer exámenes, por lo tanto. Yo nunca la había visto tan segura como hoy. Después del examen me dijo que estaba triste que ya hubiera pasado. Que ojalá pudiera hacerlo otra vez. Ella todavía menciona su intento de aprender los nombres de las capitales como una de sus mayores proezas de aprendizaje, y está muy agradecida conmigo porque dice que sin mi no hubiera podido lograrlo. Por mi parte, yo estoy muy agradecido de haber visto este proceso funcionar tan bien.”

Autor: Patty Wipfler

EL LLANTO, ¿DEL HIJO O LOS PADRES?


Dependiendo la etapa del desarrollo en la cual se encuentren sus hijos los mismos utilizarán el llanto para hacer sentir sus necesidades. Entre el primer y tercer año de vida, el llanto es normal puesto que es la forma de comunicación inicial antes de la aparición del lenguaje. Está es la etapa donde los seres humanos comienzan a aprender a manipular, es decir donde comienzan a comprender que hay determinadas acciones que producen desequilibrio en las otras personas por lo tanto las usan para conseguir lo que quieren.

El rol de los padres juega un papel extremadamente importante para controlar esas crisis de llanto que no son justificadas por necesidades del niño, es importante tomar conciencia de las acciones reforzantes que como padres tenemos ante la manifestación de nuestros hijos.

LOS INCONSOLABLES.

Contar con un inconsolable en la casa no es fácil. El lloriqueo continuo se transforma en un problema bien aburrido que a la larga agota y cansa física y mentalmente.

Lo normal es que a partir de los tres años, los momentos de llanto sean más bien mínimos y por razones que lo justifican. Cuando esto no es así, es bueno preguntarse cuáles son las causas que han generado a un niño llorón:

- Generalmente, son niños inmaduros que tienen muy baja tolerancia a la frustración, es decir, ante cualquier fracaso o ante cualquier "no", lloran.

- Tienen poca capacidad para solucionar sus problemas, entonces cuando algo no les resulta como esperaban, lloran.

También está el "regalón-llorón". Se trata de niños que son excesivamente sobreprotegidos, a quienes los padres tratan de evitar a toda costa cualquier problema.

Muchas veces los niños lloran por aburrimiento. Hay padres que no saben incentivar a los niños a jugar y el único juego que ellos conocen es estar arriba de la mamá molestando y lloriqueando. En estos casos la solución está en que los padres enseñen desde pequeños, alternativas de entretenimiento. No es una tarea muy difícil, pero hay que hacerla, pues es algo que a menudo no es innato sino que hay que fomentar.

La seguridad de los padres es fundamental. Lo más probable es que los papás que están seguros cuando educan y que saben para donde van, tengan niños que lloren menos. La seguridad de los padres da seguridad a los hijos, lo que induce a que ellos sean estables emocionalmente.

El PAÑO DE LÁGRIMAS.

Para evitar las situaciones anteriores, los padres son fundamentales. El manejo que ellos hagan para encauzar las mañas y los llantos es primordial. En sus manos está ser buenos y correctos paños de lágrimas.

Algunas precauciones son: No reforzar el llanto. Si uno sabe que es un llanto a través del cual el niño pide algo sin importancia, no hay que consentirlo. La idea es enseñarles que las cosas se piden con palabras y no se manipula a través del llanto. Una vez que se ha consentido en los caprichos, es difícil dar vuelta atrás y es probable que se formen niños dominantes y demandantes. El niño percibe el dominio que ejerce sobre sus padres y en adelante utilizará la simple amenaza de llanto para conseguir de ellos cuanto desee.

Es importante ser consistente. Decirle que sí a todo y al día siguiente negarle cualquier propuesta no es muy convincente. Los límites de lo que se da y de lo que se puede hacer deben ser claros.

No ceder al llanto por cansancio. Mejor es intentar distraer al niño con algo más atractivo y sacarlo de su capricho.

Ayudar al niño a que se exprese en forma verbal, a través del lenguaje y no del llanto.

Por último, muchas veces el llanto es un medio para llamar la atención, entonces si el niño la obtiene, utilizará este recurso con frecuencia. Por el contrario, si también se lo atiende en períodos buenos, se dará cuenta de que el llanto no es la única herramienta, pues también obtiene estímulos cuando los pide de otra forma o incluso cuando no los pide.

CAUSAS DEL LLANTO.

En muchas ocasiones, ese intermitente lloriqueo preocupa a los padres que aún no reconocen la causa que lo provoca. Sin embargo, basta saber que generalmente se debe a razones muy comunes y que rara vez se es incapaz de poner solución al problema.Las causas más habituales del llanto del bebé son:
El hambre: Los bebés tienen un reloj biológico que funciona a la perfección, por eso la hora de la comida no la perdonan.
La incomodidad física: mudar al bebé con frecuencia es fundamental. Esto, porque además de evitar coceduras e irritaciones que molestan, mantener limpio al bebé y hacer de esa tarea un momento agradable, es el primer paso para fomentar en él, el hábito de la higiene.
El dolor: el cuerpo del bebé se encuentra en una etapa de continua adaptación y más de una vez, esto le provocará dolores. Los más comunes son los intestinales, ya sea por gases o estreñimiento. Muy corrientes son también los cólicos y el dolor de oídos. Estas molestias deben ser bien controladas y consultadas con el doctor.
La soledad: aunque sus necesidades físicas estén cubiertas, el niño puede necesitar más estímulos de cariño de los que ya se le dan.

¿Por qué los niños muerden?



Morder es una conducta que algunos niños en edades comprendidas de 1 a 3 años presentan. Existen diferentes razones de porque lo hacen, pero en cualquier caso es necesario enseñarles desde el primer momento las consecuencias que acarrea el morder. Para poder comprender este problema debemos entender porqué los niños muerden.

Los bebés emplean su boca para explorar, aprender y también para relacionarse. Es una de las partes de su cuerpo que se encuentran más desarrollada. En ocasiones con la dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

En el caso de niños de 1 a 3 años las razones son diferentes. A esta edad comienzan a socializar, a relacionarse con sus coetáneos, pero aún no poseen un lenguaje ni tienen las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una manera de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas, la llegada de un hermanito, el ingreso al jardín de infancia… Otros niños sencillamente muerden por imitación.

En edad preescolar la conducta de morder suele desaparecer. A estas edades los niños ya comienzan a tener habilidades de comunicación que permiten la convivencia con sus compañeros. Un niño que muerde frecuentemente en esta etapa puede estar presentando problemas emocionales.

Lo primero que hay que hacer es observar cuando y porque está conducta aparece. Cuando un niño muerde siempre debemos transmitirle que la agresión no es aceptada. Debemos intervenir con rapidez, pero con calma y mostrarle nuestra desaprobación. Hay que explicarle que “no se puede hacer daño” mirándole a los ojos. Si el niño esta jugando debe separarse de la actividad (dos minutos son suficientes), si quiere continuar jugando con los demás tendrá que parar de morder. También es aconsejable que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…Prohibir una conducta no significa que el pequeño entienda cual es la conducta acertada.

A los niños hay que servirles ejemplos a seguir; por ejemplo mostrarles nuevas formas de relación, utilizar el lenguaje, esperar turnos, pedir prestado, acariciar a sus amigos… Cuando el niño exhiba conductas positivas (pedir permiso para coger el juguete de otro niño, por ejemplo) debemos elogiarle, valorarles cuando estén jugando de manera “pacífica” con otros pequeños. Nunca debemos responder con la misma acción: morder a un niño que muerde es un gran error. Cuando son muy pequeños no pueden relacionar el dolor que sienten con el que causan cuando muerden a los demás.

No utilices la violencia ni la humillación para erradicar el comportamiento. Dialoga, háblale con firmeza y coherencia manteniendo siempre la calidad del vínculo afectivo.

Cómo ayudar a los niños a vencer sus temores.

Un niño se atemoriza cuando las circunstancias fuera de su control, o circunstancias que todavía no comprende, afectan su frágil sentido de seguridad. El proceso de desarrollarse, nacer y crecer durante los primeros años incluye muchas ocasiones en que el sentido de seguridad de un niño se ve desafiado. Aunque creamos vivir en una sociedad "avanzada", muchos niños llegan a enfrentar situaciones amenazantes desde muy temprana edad.

También se les causa daño con la rudeza, las amenazas y violencia comúnmente representadas contra los niños en los programas, películas y cuentos "infantiles".

El Niño Encuentra un Pretexto para Liberarse del Miedo.

La situación que originalmente inculcó un miedo en el niño le hizo sentir impotente y en peligro. Para liberarse de los sentimientos de miedo, encuentra un lugar común y ordinario para enfrentarlo. De esta manera, puede mostrar sus sentimientos sin el riesgo de experimentar una amenaza real a su seguridad. Al ir creciendo, los temores de un niño se manifiestan primero usando un pretexto y luego, si no encuentra la ayuda para resolverlos, usando otros pretextos. Usted sabrá que su niño está listo para liberarse de un temor cuando actúe con mucho miedo ante una situación inofensiva.

Por ejemplo, un niño que ya tuvo que ir una vez a la sala de emergencias por una quemadura de segundo grado, puede volverse súper temeroso de que su madre le cepille los dientes. O, un niño que pasó una semana en aislamiento recién nacido, podría dejarse caer "de debilidad" en una breve caminata.

Cómo se liberan del miedo los niños.

Podemos ayudarles a los niños con sus temores en la manera que jugamos con ellos y en la manera en que reaccionamos cuando cuando se ven vencidos por el miedo.

La risa alivia el miedo.

Un tipo de juego que ayuda a los niños a vencer temores, es el de "tiempo especial" en el que un adulto juega a lo que el niño quiere (con niños mayores, es buena idea poner límites si el tiempo especial implica gastar dinero). Usted es quien va a escuchar. Note qué es lo que el niño disfruta más y apruébelo con cercanía y cariño. Durante este tiempo especial, busque oportunidades para asumir el papel más débil.

Si su niño está jugando a que sale a trabajar, usted jugando va a llorar e implorar que no se vaya. Si su niño quiere jugar a que le atrapa, trate de hacerlo pero casi nunca lo logre. Si su niño pide saltar en la cama, ruéguele que lo haga "con mucho cuidado" con una mirada que al mismo tiempo le dé permiso de saltar alto y asustarle a usted.

El miedo del niño se irá liberando mientras que ríe y usted asume el papel menos poderoso. Entre más juegue usted y le haga reír (las cosquillas no ayudan) más confianza tendrá su niño.

El llanto, el sudor y el temblor también alivian el miedo.

Cuando el temor hace presa de su niño, puede trabajar en sentimientos de miedo más profundos. Aquí, el trabajo de usted es ser cariñoso, aprobador y seguro. No trate de cambiar la situación si ésta es segura. Para deshacerse de él, su niño tiene que sentir el miedo. Su presencia y calma serán lo que le ayude. Acérquele despacio hacia lo que le inspira temor manteniéndole muy cerca de usted. Cuando empiece a llorar, a temblar, a forcejear y a sudar entre sus brazos, se tiene la situación "ideal". El niño se sentirá muy mal: usted está allí para ayudarle mientras que se deshace de ese terror. Usted le puede decir, "Aquí estoy a tu lado y no me voy a ir. No te va a pasar nada", o "Ya veo qué difícil es esto para ti, pero yo te estoy cuidando." Es muy probable que su niño va a protestar y le va a pedir con palabras fuertes que lo deje. Pero si usted se aleja o trata de calmarlo, no podrá deshacerse del miedo. Usted tiene que estar confiado de que el enfrentar estos sentimientos en la seguridad de sus brazos es la mejor manera de ayudarle.

Trate de acompañar al niño en su terror lo más que pueda. Entre más cariñoso y tranquilo esté usted, más pronto se esfumará el miedo. Un niño puede llorar, forcejear, temblar y sudar hasta por una hora para deshacerse de una buena cantidad de miedo. Si puede hacerlo, quédese a su lado hasta que llega el momento en que se siente seguro en sus brazos y comprueba que todo a su alrededor va bien. Cuando llegue a este lugar, se relajará, tal vez llorará un rato, se quedará tranquilo en sus brazos o empezará a reírse buscando algo divertido qué hacer con usted. Después de esta "sesión" sentimental, su comportamiento será muy diferente.

El ayudarle a un niño a deshacerse de su miedo puede ser algo difícil. Es sorprendente lo difícil que parece el permitirle a un niño reír, llorar o mostrar otros sentimientos por mucho tiempo y ser testigos de sus miedos y pesares. Usted verá que el hacerlo es más fácil si encuentra alguien que le escuche a usted también; para que usted tenga la oportunidad de contar y notar qué es lo que siente cuando trata de ayudarle a su niño a conquistar el miedo.

martes, abril 28, 2009

Chantaje sentimental. Aprenda a decir "No"

En alguna ocasión todos hemos sido partícipes de este tipo de manipulación, ya sea como víctima o victimario. Dicha situación se convierte en grave problema si habitualmente representa una estrategia para satisfacer caprichos y lograr objetivos, o bien, si aparece cuando no podemos detener las continuas imposiciones de otros o las propias. Ante ello, es recomendable tomar en cuenta que la mejor forma de frenar al chantajista es no cediendo a sus peticiones. De esta manera, evitaremos la formación de un círculo vicioso, porque si uno es débil, lo único que se consigue es reforzar la conducta nociva de ese individuo, quien aprovechará la situación para conseguir sus fines mediante amenaza, llanto o intimidación.

Por otra parte, si uno es el que tiene la costumbre de manipular a los demás, debe considerarse que con el tiempo esta conducta nos creará conflicto, pues llegará un momento en que las artimañas antes citadas no surtirán efecto, lo que, en consecuencia, hará que ganemos el desprecio de la gente que nos rodea.

Hay que tener presente que cuando una persona accede a las exigencias de la pareja, familiares o amigos sin que realmente quiera hacerlo es común que le invada un sentimiento de culpa, pero de no aceptarlas siente insatisfacción porque cree que les ha fallado. Por tanto, es muy importante aprender a decir no, lo cual en un principio es difícil, pero a la larga es la mejor estrategia para vencer el chantaje.

Tipos.

Los niños, regularmente, recurren al llanto para conseguir lo que quieren, lo cual suele considerarse normal porque en la infancia temprana los pequeños tienden a pelear por lo que desean. Sin embargo, esto no significa que se deban cumplir todos los caprichos de hijos o sobrinos, pues de hacerlo se les reforzaría la idea de que el chantaje es una práctica aceptable; es necesario enseñarles a la brevedad que no siempre es posible obtener lo que se anhela. Asimismo, hay adultos que, al igual que los infantes, también consideran al llanto la mejor manera de manipular.

Otra forma de llevar a cabo el chantaje es mediante el abuso de superioridad, lo cual puede ser ejercido por los padres, incluso sin darse cuenta, por ejemplo, al decir frases como "si no haces lo que te digo, ya no te voy a querer". Debe considerarse que castigar a los hijos con la falta de amor es un grave error que les genera inseguridad y tendencia a la ansiedad, lo que en el futuro convertirá a los pequeños en individuos temerosos con la costumbre de ceder para evitar ser despreciados, o bien, en chantajistas por miedo al abandono.

Por otro lado, hay personas que han sido traicionadas por su pareja y aprovechan la situación para chantajearla frecuentemente, de tal manera que fingen haber perdonado al cónyuge, pero a partir de ese momento se le imponen los deseos como obligaciones. Cuando al afectado le parece intolerable la situación y se queja, la víctima de la infidelidad le reprocha el engaño; para frenar una situación como ésta, lo mejor es terminar la relación.

Asimismo, hay quienes retiran el habla para ejercer presión, lo cual es característico en personas con problemas afectivos o dificultad para socializar. Interactuar con este tipo de individuos suele ser insoportable, ya que prevalece el temor de que cualquier cosa le moleste y, a manera de castigo, deje de hablarnos. En estos casos, es recomendable responder con indiferencia y controlar la ansiedad de permanecer al lado de él o ella.

Pero eso no es todo, también existe el chantajista denominado autocastigador, que recurre a frases como "si me dejas, me mato". Se caracteriza por inmadurez emocional y no asume las consecuencias de sus actos, por lo que acostumbra acercarse a gente que se siente responsable de su felicidad, como los padres, hijos o pareja. Para acabar con este tipo de acciones, hay que ignorar las amenazas y enfrentarse al manipulador haciéndole ver que el único responsable de lo que pasa en su vida es él mismo.

Otras personas encuentran formas de presionar a los demás con expresiones como las siguientes: "si me dejas, no volverás a ver a los niños", "no te vayas, siento que me voy a morir", "si sigues saliendo con tus amigos, terminamos", "si no tienes relaciones sexuales conmigo, considérate desempleada". Ante ello, es indispensable perder el miedo y negarse a complacer al chantajista enfrentándose a éste con valentía.

Tome en cuenta que quienes recurren al chantaje son individuos inseguros y con altos niveles de ansiedad, tienen miedo a sentirse débiles y a las reacciones de los demás, por eso manipulan.

¿Cómo enfrentar la desilusión de no poder concebir mes tras mes?

Si quedar embarazada te está llevando más tiempo del que esperabas, es natural que te sientas decepcionada. Para la mayoría de las personas, formar una familia y tener hijos es una parte esencial de la vida, y si tienes dificultades para conseguirlo quizás te preguntes si estás haciendo algo mal.

Es importante que no te culpes, ni culpes a tu pareja. Comprende y acepta que tú y tu pareja tendrán altibajos en el camino hacia el embarazo. Hablen entre ustedes sobre sus sentimientos y busquen apoyo y consejo de otras parejas que estén en su misma situación. Si tu vida gira en torno a un calendario estricto de relaciones sexuales basadas en tu temperatura corporal basal y el sexo se ha convertido en un acto mecánico y forzado, considera tomarte un descanso.

Esfuérzate por reavivar el amor y los buenos momentos que los unían cuando se conocieron. Hay muchas anécdotas de parejas que concibieron cuando dejaron de intentarlo de manera muy programada.

Cuando ciertas reuniones o fiestas resulten demasiado dolorosas para ustedes, por ejemplo, si les han invitado a un baby shower o al cumpleaños de un bebé, dense permiso para no ir si están pasando por un momento particularmente difícil. Hacer ese tipo de visitas quizás les deprimiría. Para evitar ofender a los amigos o parientes que les invitaron, podrían enviarles un regalo, aconseja Alice Domar, psicóloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard que se especializa en ayudar a parejas con infertilidad. Pueden comprar libros para niños a fin de ahorrarse un viaje posiblemente problemático a la juguetería o la boutique de bebés.

Y recuerda que te ayudará dedicarte al resto de tus intereses o a la búsqueda de otros nuevos. Si siempre quisiste aprender a tocar la guitarra, hazlo. Si te gusta hacer caminatas al aire libre, no te prives de ellas. O apúntate a una clase de pintura, baile o alguna otra cosa que siempre te haya atraído. Ten presente que la risa es una de las mejores curas. Mira una película cómica, acude a un espectáculo cómico, relee tu novela cómica favorita. Por supuesto que si te sientes mejor después de un buen llanto, también está perfecto, hay veces que no hay nada mejor que desahogarse.

Por último, si estuvieron intentando concebir sin éxito por más de un año, sería conveniente hacer una consulta con un especialista en infertilidad. Muchos problemas son relativamente fáciles de tratar, por lo que al obtener un diagnóstico se podrían ahorrar muchísimas desilusiones.

Relaciones Destructivas. Un problema que muchas mujeres callan.

Actualmente miles de mujeres están siendo víctimas de relaciones en las que son sometidas a constantes abusos y tipos de violencia, lo increíble de estos casos, es que ellas se niegan a recibir ayuda, creando con este comportamiento una nueva categoría de adicción. Algunas estadísticas a mi manera de ver un poco conservadoras, estiman que 1 de cada 3 mujeres es abusada emocionalmente y por lo menos, 1 de cada 4 es atacada físicamente por su compañero.

Cabe destacar que la mayoría de las afectadas difícilmente reconocen que su nexo amoroso es enfermizo y mucho menos aceptan recibir ayuda para salvarse de tales uniones, en donde uno de los integrantes de la pareja se dedica a abusar emocional y/o físicamente del otro.

El primero de estos casos se caracteriza por agresión constante mediante desvaloración, subestimación, insultos, infidelidad y burla, en tanto el físico va desde empujones, forcejeos y apretones, hasta brutales golpizas. El origen de todo este fenómeno comienza en la familia tanto del agresor como de la victima. En este caso la pareja tienen patrones adquiridos que son reforzados por su núcleo primario, permitiéndole continuar con ese comportamiento y en algunos casos hace sentir a los involucrados como la unica manera de relacionarse entre un hombre y una mujer. Ciertos individuos manifiestan conductas agresivas porque desde pequeños sus progenitores les hicieron sentirse responsables de los demás, "guardianes" de los problemas que se presentaban en casa, fomentando en ellos la supuesta supremacía masculina relacionada a la propiedad; en consecuencia, el varón desarrolla firme creencia de que sus hermanas, hijas y esposa les pertenecen y, como en la antigua Roma, consideran que hasta pueden "hipotecarlas" si así lo desean.

En cuanto a por qué existen féminas que toleran el maltrato, ello tiene origen en cierta educación que inculca en ellas “sumisión y dependencia”, además de que no "alimenta" su autoestima; por ello, las características tanto del agresor como de quien recibe el maltrato dan lugar a que ambos se "enganchen" en este tipo de relaciones. Ahora bien, se ha detectado que frecuentemente la violencia entre la pareja inicia desde el noviazgo y se manifiesta en diversas formas, con jaloneos y movimientos para detener, sujetar o controlar. Posteriormente, el mando del hombre se ejerce con frases como "no te dejo salir", además, protesta por el tipo de peinado o ropa que luce su compañera, inician las escenas de celos y la rudeza empieza a subir de tono.

Una vez que estos individuos se casan o deciden vivir juntos, el agresor "esconde" a la víctima de sus familiares y amigos para que no puedan brindarle apoyo, en tanto ella le obedece en todo pensando que así evitará conflictos; no obstante, él siempre busca la forma de iniciar las discusiones.Como puede apreciarse, el aislamiento de la víctima es el eje del maltrato y constituye el paso en que empieza a ejercerse el dominio; después, el agresor pretende demostrar que la mujer es de su propiedad, incluso, mediante golpes, además de minimizar su valor llamándola: "inútil" o "tonta", "no entiendes" y "no sirves como mujer", entre otros destructivos calificativos. Pégame… pero no me dejes

¿Por qué ellas permanecen con su pareja?

Esto se debe a que no tienen expectativas acerca de la realidad y van cayendo en estado de indefensión; además, generalmente el hombre presenta cambios bruscos de comportamiento, es decir, hay momentos en que se arrepiente de sus acciones, ofrece disculpas y se torna afectuoso, haciéndole creer a la otra persona que todo puede cambiar. De esta manera inicia un círculo llamado "fase de tensión-maltrato-reconciliación".

Por otra parte, las víctimas de violencia doméstica rara vez se quejan de haber sido maltratadas, incluso, a pesar de presentar hematomas (moretones), fracturas o raspones, y procuran ocultar tales señales bajo la vestimenta o maquillaje, o bien inventan explicaciones absurdas o improbables para justificar las lesiones que les aquejan; al mismo tiempo, su malestar físico suele estar acompañado de síntomas de depresión.

Aunque el panorama descrito puede parecer "laberinto sin salida", las personas "atrapadas" en relaciones destructivas tienen enormes posibilidades de liberarse de quien las maltrata y restablecer su vida en condiciones dignas y saludables, con la felicidad y tranquilidad a que todo ser humano tiene derecho. El proceso de recuperación inicia cuando hay cambio en la actitud de la mujer afectada, pues en el momento que rebasa su capacidad de resistencia decide reconocer que su vida con esa pareja es destructiva y que sólo está fungiendo como "costal de entrenamiento" emocional o físico del individuo que la altera.

¿Cuáles son los pasos que debe seguir quien a fuerza de maltratos y vejaciones ha perdido autoestima, fe y respeto hacia sí misma?

La respuesta se basa en un fundamento principal y es la decisión de entregarse al proceso de recuperación, acompañada de personas que hayan sufrido y superado situaciones similares -las cuales no deben buscarse mucho, pues están en todas partes-, y recurrir a un especialista en salud mental (psicólogo o psiquiatra) que conozca y respete este tipo de problemas.

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